Cuando es diciembre, noviembre, enero... cualquier mes de otoño-invierno/invierno, y el cielo se pone como gris, como blanquecino, nos indica que va a nevar, notamos el frío y, la mayoría de la gente, se emociona, y piensa: "¡qué bien, va a nevar!". Los copos empiezan a caer y la sensación es más o menos agradable, siempre ha habido gente a la que le gusta mojarse y a la que no; pero la nieve no moja como la lluvia, moja distinto. Otras veces ves nevar desde la ventana de tu casa, al calorcito, y deseas que cuaje, para luego salir a disfrutar de ella, tomar fotos, jugar, hacer un muñeco. También hay gente que lo detesta, y sólo puede pensar en que a partir de ese momento va a ser un horror moverse por la ciudad, y van a tardar en limpiar las calles, y la nieve se quedará ahí unos cuantos días dando la lata. En cualquier caso, seamos fieles enamorados de las pocas nevadas que tenemos, o de los que las odiamos, o de los que no nos simpatiza mucho, es algo que sin más, pasa, y sus consecuencias no suelen durar mucho.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando, en vez de ser uno de esos fríos meses, es agosto?. Entonces un día vemos que hay como una luz anaranjada entrando por las persianas, bajadas para evitar el calor, y nos es hora de atardecer. Luego notamos que el cielo está, a trozos, gris; pero esta vez no es el gris que barrunta nieve, es un gris más oscuro, más "feo", y el ambiente está cargado. Esta vez es gris-incendio. Y pese a que el incendio no está cerca (el foco está a setenta y tantos kilómetros), se deja notar. Y después empiezan a caer los copos grises, las cenizas. La situación, ahora, es mucho más desagradable; ya no es la fresca nieve, esta vez, el ambiente está cargado, a ratos incluso huele a humo, se irrita la garganta, y lo que cae es ceniza. Ceniza proveniente de unos árboles, que en vez de acoger entre sus ramas a los copos blancos, son, sin haberlo querido, la fuente de estos copos grises. Esta vez, nadie debería alegrarse o estar feliz, esta vez se nos debería partir el alma, por todo lo que estamos perdiendo. Habrá gente, muy centrada en el valor económico de las cosas, y que no sepan ver más allá, pero hasta para estos un incendio de estas características son pérdidas, todos los medios que se están empleando para apagarlo, todas las personas que vivían de ese monte, y ya no podrán hacerlo... Pero para los que no nos quedamos sólo con el valor económico de las cosas, un incendio es algo sobrecogedor, algo que no debería ocurrir, algo en el que muchos seres vivos están muriendo, una gran pérdida. Una gran pérdida que debe ser llorada, y una gran pérdida que debería ser castigada, con un gran castigo, pues es una gran pérdida. Porque cuando algo así ocurre accidentalmente es una desgracia. Cuando algo así ocurre porque alguien lo ha hecho intencionadamente... es una gran ofensa. ¿Cómo se puede hacer algo así intencionadamente? Es algo atroz.
Ya sé que no es el primer incendio grave que sufrimos este año en nuestro país, pero es el que más cerca me pilla, es en el que he vivido parte de sus efectos más de cerca, y eso siempre hace que nos influya más. En los demás no he visto caer esas cenizas, de ese cielo gris, del que en un momento vi surgir uno de los helicópteros. Esas cenizas que son como lágrimas provenientes de las zonas que están ardiendo, y que nos hielan el alma. En los demás no conocía a gente que sea de alguno de los pueblos cercanos, no conocía gente que hubiera trabajado en la base de Tabuyo que tuvo que ser desalojada, no conocía gente que hubiera inventariado parte de la zona quemada hará cosa de un año. No conocía esa zona de la provincia, ya nunca la conoceré, porque aunque pueda ir hasta allí, ya no será lo que ha sido, los bosques que hemos perdido.
Parece ser que el incendio está controlado desde esta tarde. Ojala no tengan más dificultades, no se reavive, que lo apaguen pronto. Pero el daño ya está hecho, solo podemos evitar que sea aún mayor. Las secuelas no pasaran cuando hayamos barrido las cenizas que cayeron en nuestras terrazas. Dentro de poco casi nadie que no viva allí se acordará de la zona calcinada. Además, si realmente ha sido intencionado, el responsable no tendrá lo que se merece.