Es curioso ¿verdad?. El Arzobispo de Madrid, nuestro buen amigo Rouco ha dado orden de cerrar la iglesia de San Carlos Borromeo, en Entrevías. Resulta que la quiere cerrar porque los curas de dicha iglesia no se ajustan a la doctrina católica, porque ofician vestidos de calle, dan rosquillas o lo que se traíga de casa de los feligreses en la eucaristía, en vez de las hostias típicas, que más da, ¿por qué tomó pan Cristo? porque era lo que tenía a mano, y por cierto no se comulga precisamente con pan. Claro también educan a la población y les dan preservativos, que gran error intentar que sus feligreses no tengan embarazos indeseados, como resultado, niños con los que no podrían tener una paternidad responsable (que es lo que defiende la iglesia) porque no tendrían que darles, o que no contraigan ETS.
Las altas esferas de la iglesia (y lo pongo con minúscula a drede) nos demuestran una vez más que no se puede confiar en ellos, porque cuando por fin hay una parroquia que apoya a los más desfavorecidos (cosa que siempre nos cuentan que hizo Jesús) la cierran.
La parroquia de San Carlos Borromeo apoya a marginados sociales, inmigrantes, niños de la calle, deja que vayan a la parroquia no católicos. También acoge a la asociación de Madres contra la droga y una escuela de marginación para enseñar a los que quieren trabajar con marginados sociales.
También se les ha criticado la decoración del edificio, los bancos están en círculo mucho más acogedor, no hay altar (todos a la misma altura debe ser un insulto), no hay imágenes de santos en su lugar hay colgadas noticias sociales.
También se ha dicho que no tienen el apoyo de otros párrocos, y ha habido otros sacerdotes (a parte de los 3 de esta parroquia) en la comida de apoyo que se ha hecho.
Los 3 curas han dicho que no van a dejar la iglesia.
En fin, son las brillantes ideas de Rouco (también ha regañado a Gallardón por cumplir la ley, y casar a dos homosexuales), debe ser que esta iglesia que se adapta a sus tiempos está mal vista, igual es porque ellos si aman al prójimo como a si mismo, que es uno de los dos mandamientos en los que se encierran los 10 de la ley de Dios.