Estuvimos allí una mañana, que nos cundió mucho la verdad. La catedral no tiene mucho de especial, en ella se encuentran los restos de los Santos niños Justo y Pastor, que fueron mártires hispanorromanos ejecutados en esta ciudad. El resto de la ciudad está llena de colegios, conventos, etc de la época en que la universidad tuvo su auge. Vimos también el corral de comedias. No está mal, pero no os esperéis encontrar un corral de verdad, me da que para eso vamos a tener que ir a Almagro, pero lo que está bien de este corral reformado en teatro, es que se puede ir viendo como ha ido cambiando a lo largo de los siglos, le quedan cosillas de cuando fue corral, de la transformación del s.XVII en teatro, la reforma del XVIII y la del XIX, y eso es curioso.
Volviendo a los gloriosos años de la universidad, hubo importantes escritores estudiando y viviendo entre sus paredes, Lope de vega, Quevedo, San Ignacio de Loyola, etc.. En realidad era una ciudad universitaria, y tenían sus propias leyes distintas de las de la ciudad de Alcalá, tenía su propia cárcel, en la que pasó alguna noche San Ignacio de Loyola y también Quevedo, a este último le pillaron descolgándose por la pared con unas sábanas, y sus compañeros le habían cerrado la ventana por lo que tampoco podía subir. Cuando la guardia le vio preguntaron que quién era, y él contestó: "Soy Francisco de Quevedo, quien ni sube, ni baja, ni está quedo".
A los estudiantes no se les permitía salir a partir de ciertas horas, ni tampoco podían ser vistos con mujeres, ni en las dependencias de la universidad, ni por la ciudad de Alcalá.
Otro evento curioso, era el examen de doctorado, se realizaba en el paraninfo, y el estudiante subía en un púlpito, en el que hay sitio para otras dos personas, a la derecha se ponía el que había sido su tutor, que le haría preguntas sencillas, y a la izquierda otro profesor que trataría de hacerle preguntas difíciles para que suspendiera. Además el resto de la sala estaba llena de más profesores, cada uno tenía que hacer una pregunta, y se hacían apuestas a ver quién era el que hacía la pregunta más difícil. Si el alumno pasaba tan ardua prueba, los compañeros entraban en el paraninfo y lo sacaban a hombros, lo ponían en un carro y salía por la puerta de la gloria que da directo a la plaza de Cervantes (nombre que recibe en la actualidad) donde se hacia una gran fiesta y comida a la que asistían todas las personas de la ciudad y que corría por cuenta del estudiante; se tocaban las campanas para convocar al pueblo. Si el estudiante suspendía, sus compañeros entraba a por él, pero esta vez lo que le esperaba era más desagradable, le escupían hasta que su capa quedaba completamente blanca, le ponían en un carro, en el que recorría toda la ciudad y la gente le iba tirando tomates y de más cosas poco agradables al carro, porque estaban disgustados no iban a tener fiesta; la puerta por la que le sacaban esta vez estaba justo enfrente de la anterior y era la puerta de los burros, ¡ah! se me olvidaba añadir que le ponían unas orejas de burro, así que no creo que les quedaran muchas ganas de repetir suerte.
