Hace un par de semanas que volví de África, y no me he digando a actualizar nada por aquí. Bueno los regresos siempre son ajetreados, ya se sabe.
El viaje por allí, genial, visitando lugares de Namibia, Zambia y Malawi. La verdad es que tuvimos bastante suerte y todo nos salió muy bien. Todo menos un pequeño-gran inconveniente del que, yo creo, todos estáis informados.
Quiero dedicar esta entrada a Namibia, que es un país que me ha encantado. El título de la entrada... pues el sobrenombre es algo que se le ocurrió a un conductor de MA, creo recordar, y la verdad define muy bien al país. Hay mucho polvo, por todas partes, y acabas coleccionándolo aunque no quieras (luego añado una anécdota relacionada con esto). Es un país en el que puedes ver polvo y arena, y paisajes secos, en todas las combinaciones que uno se pueda imaginar e incluso en las que no se ha imaginado. Pero dichas combinaciones crean paisajes muy distintos, y realmente maravillosos. Al norte del país hay zonas más verdes, por la franja del Caprivi, pero yo no visité esa zona.
He empezado a escribir esta entrada al oir en la radio "Dust in the Wind" de Kansas, que pese a que no tiene nada que ver con Namibia, y la letra de la canción nos hace darnos cuenta de que no están hablando en sentido literal, no he podido evitar acordame de Namibia al combinar dust y wind, porque es algo que le hace muy característico y que vives, o sufres, estando allí, bueno dejémoslo en experimentas; como diría una persona sueca con la que viajé por allí: "experience". Así que os cuelgo el vídeo con la canción, por si alguien quiere escucharla mientras sigue leyendo la entrada.
Entre otros lugares, estuve por la zona de Swakopmund, una ciudad muy curiosa, y algo que no esperas encontrar en África, siempre tenemos una idea prefijada de lo que uno espera encontrar en un sitio. Swakopmund es una ciudad colonial alemana, no sólo es una ciudad colonial alemana, es uno de los mejores ejemplos conservados en el mundo de este tipo de arquitectura. Es una ciudad costera, y tiene un clima bastante horrible, con bastantes nieblas y frío, pero en la época en la que yo he ido se agradecía ponerse la sudadera de noche. Esta rodeada por un paisaje desértico, a lo mejor el tipo de desierto que nos imaginamos al decir desierto, así con sus dunas y su arena, digamos amarilla.
A parte de darse un paseo por sus calles para ver los edificios y acercarse hasta la playa, merece la pena ir al cementerio, y recorrerlo entero, así se podrá ver la diferencia entre las tumbas del principio y las de más al fondo. La zona del principio es como estar en un cementerio europeo, pero en vez de estar ajardinado, tipo parque, como ocurre en Europa, pues hay arena y palmeras, vamos, el equivalente en esa zona del mundo. Y luego está la zona del final, en la que hay miles de personas enterradas, pero lo único que puedes ver son bultos de arena en el suelo, y se te pierde la vista hacia el horizonte y sigues viendo bultos en el suelo, realmente sobrecogedor. Esta zona es en la que están enterrados los OvaHerero/OvaMbanderu que fallecieron en los campos de concentración alemanes entre 1904 y 1908, porque no sólo hemos tenido campos de concentración en Europa, lo que pasa es que no solemos saber que en Namibia también hubo un genocidio, es más se considera el primero del siglo XX.
Uno de los lugares que más me gustó fue la zona de Sossusvlei, en el desierto del Namib. Es muy impresionante. Con sus dunas rojas, merece la pena subir a una de ellas. Subimos a la 45, la más conocida, y la que más gente sube. Y yo no tengo vértigo, y la sensación me resultó un poco vertiginosa. Subes por la cresta de la duna y la arena se hunde bajo tus pies, y a ambos lados tienes una pendiente bastante inclinada, pero es toda una experiencia, y las vistas desde arriba son alucinantes. Además es genial bajarla corriendo por una de las laderas. Los paisajes son espectaculares. La zona de Deadvlei me gustó especialmente. Vlei significa lago, y en Deadvlei hay un "lago muerto", un lago que no se llena de agua y se ve el suelo seco y los árboles muertos que allí vivieron, y por supuesto, rodeado por dunas rojas, una de ellas la más alta del parque. La anécdota que os decía antes, la gente se lleva arena del desierto, cosa que no me parece bien, si todos vamos y cogemos un poquito de la arena a modo de recuerdo... el caso es que sin querer, yo también me la llevé, y lo descubrí cuando ya estaba a unos cuantos kilómetros de allí, en los bolsillos de mis pantalones. Así que parece que la combinación de dust y wind, de la que os he hablado es eficaz.
Muy cerquita está el cañón de Sesriem, un sitio también muy curioso y que también merece mucho la pena. En este sitio comimos plácidamente, y cuando estábamos descansando, después de comer, vamos haciendo sobremesa (término que tuvimos que explicar a nuestras acompañantes suecas y japonés), sin mesa, sentados en el suelo, a la sombra y frescor que nos ofrecía el cañón, vinieron unos babuínos chacma a recordarnos que fuéramos levantando el campamento. La verdad que impresionaban sus voces retumbando por el cañón, y también se oía como tiraban piedras. Estuvo bien, porque pudimos verlos.
A parte de los lugares en sí, las horas interminables que pasas por carreteras de grava para ir de un lugar a otro, también merecen la pena, vas viendo como cambia el paisaje, y también vas viendo animales: orix, avestruces, kudus, ardillas, springboks, son algunos de los animales que vimos desde el coche. Algunos realmente cerca. Lo bueno que tiene Namibia es que como sólo son 2 millones de habitantes en un país tan grande, nunca te encuentras con nadie, y eso facilita que haya fauna. He de hacer aquí una mención especial a nuestras conductoras, las dos chicas suecas que vinieron con nosotros, sin ellas nunca hubiéramos podido ver todo lo que vimos, y se pegaron unas buenas palizas de conducir, por carreteras de grava con un polo, que es el coche que alquilamos, y conducir por esas carreteras con el polo tiene especial mérito.
Para terminar con este país, no puedo dejar pasar Spitzkoppe, cerca de Swakopmund, y lugar que también visitamos. Son una montañas graníticas muy bonitas. Subimos al Gross-Spitzkoppe, bueno no hasta arriba del todo. Espectacular la vista desde allí; inconveniente: las avispas que me picaron bajando, para hacer más interesante la bajada, con el dolor y el calor que brindan las 12.30 en uno de los meses más calurosos del año. Aquí también tuvimos mucha suerte, y pudimos acampar en la mejor parcela. Y esa noche, a parte de ver uno de los atardeceres más espectaculares que he visto en mi vida, en el que el cielo cada vez se iba poniendo más rojo, incluso cuando pensabas que no podía ponerse más, lo hacía; pues a la hora de cenar vinieron a visitarnos unas ginetas. La primera de ellas la vi yo, y cada vez que les decía a los demás: "¡mirad! allí hay algo", la bichina cerraba los ojines, y no podían verla, por lo que yo creo que empezaron a pensar que estaba paranoica. Pero al final conseguimos verla. Y luego vino otra mucho más cerca, que parecía nuestra mascota, ahí al lado de las tiendas.
Además vimos damanes de las rocas, que son unos bichines supermonos. Y un macho agama haciendo su baile de cortejo a las hembras. Y por supuesto, un montón de aves.
Creo que sólo me queda el día que comimos en Walvis Bay, y que vimos la playa con sus flamencos, sus pelícanos, sus "correlimosvuelvemierdas", que también fue interesante, y otro tipo de paisaje más que este magnífico país nos brindaba.
Vale, también estuve en Windhoek (la capital), ya que mi vuelo llegaba allí, pero no es un sitio que tenga un interés especial, por eso no os he hablado de ello. Alguna iglesia, unos meteoritos, y la calle principal, con sus tiendas y sus bancos.
Y después de haber visitado todos estos lugares, en una semana intensa (un poco menos, llegué un martes y el domingo ya nos íbamos), y haber comido carne de orix, biltong (una carne seca, algo así tipo cecina, que está por aquellas tierras gracias a los Afrikaners), haber bebido appletiser o grappertiser (unas bebidas que son algo así como, la de uva tipo mosto, pero con unas burbujas muy finas, que están muy ricas) como cosas típicas del país, solo nos faltaba tomar un autobus intercape de 26 horas, para continuar nuestro viaje, hacia Livingstone, en Zambia.
Inciso: como no tengo casi fotos debido a ese "incidente" que nos ocurrió en Malawi, he vinculado alguno de los lugares a la página de google imágenes, y así podéis ver algunas fotos.
Así soy ni más ni menos, más o menos como todos, así soy y así me acepto negro-blanco, blanco-negro, así soy y así me quiero aunque a veces no me entiendo. ("Así soy", Ana Belén)